
Por: Hugues Gámez Gámez
La delincuencia ha perdido cualquier atisbo de miedo en San Juan del Cesar, operando a plena luz, a cara descubierta y con un nivel de descaro que alarma, el crimen organizado sigue demostrando quién manda realmente en las calles del municipio, la más reciente víctima de esta desbordada ola de inseguridad es el joven abogado Eduardo Luis Rodríguez, funcionario público del poder judicial, quien era acompañado de una hija infante, fué asaltado impunemente en la puerta de su propia residencia.
Los hechos, que ocurrieron el dia sábado 15 de agosto, parecen sacados de un libreto repetido que las autoridades se niegan a corregir, evidencian un seguimiento minucioso por parte de los criminales,Rodríguez fué perfilado por atracadores motorizados desde que realizaba diligencias en la tienda Olímpica,los delincuentes lo escoltaron sigilosamente hasta su casa, donde dieron el golpe: a “cara pelá”, esgrimiendo armas de fuego y con total frialdad, lo despojaron de una cadena, dos pulseras, un anillo y su teléfono celular.
El atraco al abogado Rodríguez no es un simple hurto más en las estadísticas de la Fiscalía; es el reflejo de una crisis estructural de seguridad pública que tiene a la sociedad sanjuanera sumida en la indignación y el terror.
La lectura de este hecho es cruda y dolorosa,los victimarios patrullan el municipio armados hasta los dientes, sin necesidad de ocultar sus identidades, sabiendo que el peso de la ley rara vez los alcanza.
La “gente de bien”, el ciudadano trabajador y honesto, se encuentra completamente desarmada, vulnerable y sufriendo en carne propia los embates diarios de los antisociales.
¿Dónde están los anillos de seguridad? ¿Qué efectividad tienen los cuadrantes de policía si un ciudadano puede ser seguido desde un supermercado principal hasta la puerta de su casa sin que ninguna autoridad note algo sospechoso?
La respuesta de las autoridades del orden ante esta crisis es nula,no hay reacción, no hay prevención y, lo que es peor, no hay capturas que devuelvan la tranquilidad a un municipio que hoy se siente huérfano de estado,la sensación generalizada en San Juan del Cesar es de una desprotección absoluta; los ciudadanos se ven obligados a vivir encerrados, llenos de paranoia, mientras los delincuentes se pasean por las calles como si fueran los dueños del pueblo.
Es imperativo que la Policía Nacional y la Administración Municipal despierten de su letargo,la sociedad sanjuanera exige acciones contundentes, patrullajes reales y estrategias de inteligencia que desarticulen estas bandas motorizadas, antes de que la frustración ciudadana ante la falta de justicia derive en tragedias mayores.
Publicidad


