
Por: José Salina Gámez
Hablar y escribir de Arnoldo “Nono” Marulanda es agradable. Hablar de Arnoldo Marulanda Brito es, sin duda, hablar de San Juan del Cesar, de su historia política, de sus luchas sociales y de esas personas que, con el paso de los años, terminan convirtiéndose en parte de la memoria colectiva de un pueblo.
Arnoldo Marulanda Brito nació y creció en San Juan del Cesar el 7 de mayo de 1950. Es hijo de Pedro Manuel Brito y Juanita Bautista Marulanda. Para quienes hemos tenido la oportunidad de conocerlo desde siempre, “Nono” es ese hombre de bigote y cabello blancos que parece haber hecho un pacto con el tiempo: los años han pasado, pero su figura permanece erguida y firme, como un guayacán que resiste las inclemencias de los años sin dejarse vencer. Desde que tengo uso de razón lo recuerdo de la misma manera: con sus camisas rojas, su mochila terciada y, muchas veces, su característica cachucha roja, haciendo gala de sus convicciones políticas y defendiendo con pasión el color de su partido, el Partido Liberal.
De usted, querido Nono, aunque nunca fui su alumno formalmente, conservo la imagen de aquel docente comprometido con la formación de la juventud sanjuanera. Lo recuerdo vestido con sus sudaderas, llevando a los estudiantes a los campos y a las canchas deportivas, entendiendo que educar también significaba formar en la disciplina, en el deporte y en los valores que hacen grande a una comunidad. También tengo en la memoria las papeletas de las campañas electorales, las reuniones políticas y la figura de aquel líder cívico que durante muchos años parecía invencible en las contiendas electorales. Un hombre que representó a nuestro municipio como concejal y que construyó, con perseverancia, una relación profunda con la gente.
Quien escribe estas letras, además de hacerlo con admiración, lo hace con afecto. Soy parte de su familia y aprendí a quererlo desde niño. Primero, porque veía el cariño y el afecto que usted sentía por mi padre; después, porque fui descubriendo en usted algo que despertaba mi admiración: la capacidad de convocar, de escuchar y de caminar al lado de la gente. Muchas veces, siendo adolescente, me preguntaba: ¿por qué su liderazgo?, ¿por qué tantas personas lo acompañan?, ¿qué tiene este hombre para lograr que la gente crea en él?
La respuesta comenzó a revelarse para mí a comienzos de los años 2000, cuando tuve la oportunidad de estar “MÁS CERCA DE TI”. Ese fue el eslogan de una campaña política que marcó un momento importante en la historia electoral de San Juan del Cesar y que, para mí, significó también el comienzo de una nueva etapa en mi propia vida política. Fue entonces cuando empecé a comprender de dónde nacía ese liderazgo. Muchas veces fui testigo de cómo aquel hombre de cabello canoso era capaz de quitarse, literalmente, el pan de la boca y sacrificar parte del sustento de sus propios hijos para compartirlo con quien lo necesitaba. Allí entendí que su liderazgo no había nacido en los escritorios ni en los grandes círculos de poder. Había nacido en la calle, en el contacto permanente con la comunidad y, sobre todo, en la solidaridad.
Nono decidió enfrentarse a una dirigencia política con mayores recursos y con estructuras aparentemente mucho más poderosas. Lo hizo desde la sencillez, desde una casa humilde y, como alguna vez pude observar, desde una sala donde apenas había cuatro asientos. Pero tenía algo que no se compra con dinero: la convicción de que un pueblo también puede abrirle las puertas a quien lucha con perseverancia. Su primer intento por llegar a la Alcaldía de San Juan del Cesar terminó en derrota. Pero aquella derrota, lejos de convertirse en una razón para abandonar la lucha, terminó fortaleciéndolo. Nono persistió. Con objetivos claros, volvió a recorrer las calles, a escuchar a la gente y a defender sus ideales. Como el laurel que puede ser golpeado por la corriente, pero permanece aferrado a la tierra, supo tambalearse sin caer y caer sin rendirse. Hasta que llegó el día en que Dios y el pueblo le concedieron el triunfo por el que había luchado durante tantos años: ¡NONO MARULANDA, ALCALDE!
Hablar de Arnoldo “Nono” Marulanda es agradable porque su personalidad, su don de gente y su extensa trayectoria permiten encontrar múltiples historias en un solo hombre. Es hablar de una vida polifacética, de un ciudadano que ha transitado por diferentes escenarios y que ha dejado huella en la educación, en el deporte, en la política, en el civismo y hasta en la composición musical, porque Nono también forma parte de esa maravillosa gama de compositores que ha dado nuestra tierra.
Su historia política, además, tiene capítulos que parecen escritos para una crónica. Quienes alguna vez pensaron que Nono estaba políticamente fuera de las canchas tuvieron que reconocer que todavía tenía mucho por jugar. Y como en esas partidas donde nadie sabe cuál será la próxima jugada, apareció una movida inesperada, una especie de jaque mate político que terminó sorprendiendo a más de uno. “No contaban con su astucia”, como diríamos en medio de una conversación entre amigos. Y entonces apareció nuevamente el Nono de siempre: el hombre de las convicciones firmes, el liberal que, con orgullo, volvió a levantar su bandera… esta vez vestido de azul.
Quizás por eso, cuando pienso en Nono, también recuerdo aquellas expresiones y juegos de mi infancia: “Cotorrita real, alzó la pata y soy liberal”, o aquella vieja canción que decía: “Tengo una muñeca vestida de azul”. Son recuerdos aparentemente sencillos, pero que hoy adquieren otro significado porque hacen parte de la memoria de quién fui y de la historia de un hombre al que he visto caminar durante décadas por los senderos de la política y de la vida pública.
Hoy, Arnoldo “Nono” Marulanda continúa representando a San Juan del Cesar y al departamento de La Guajira desde la Asamblea Departamental. Allí, con la experiencia que le han otorgado los años, las derrotas, los triunfos y el contacto permanente con la comunidad, sigue demostrando que la política también puede construirse desde la cercanía, la perseverancia y la vocación de servicio.
Nono es, ante todo, un hombre perseverante. Es de esos personajes que no necesitan presentación porque llevan su historia escrita en el rostro, en sus canas, en sus luchas y en el recuerdo de las generaciones que lo han visto transitar por la vida pública de San Juan del Cesar. Hablar de Nono es hablar de un hombre que ha sabido mantenerse vigente porque nunca dejó de estar cerca de su gente. Hablar de Nono es hablar de San Juan del Cesar. Y escribir sobre él es agradable, porque detrás del político, del docente, del compositor, del dirigente y del servidor público existe un ser humano que, durante décadas, ha sabido ganarse un lugar en el corazón de quienes lo conocen. Hablar de Arnoldo “Nono” Marulanda es agradable. Pero conocer su historia es, además, comprender una parte de la historia política y social de San Juan del Cesar.
