
Por: Hugues Gámez Gámez
A través de la Sentencia T-241-26, la Corte Constitucional emitió un ultimátum claro, el mundo de las redes sociales necesita reglas de juego.
El alto tribunal ordenó al Gobierno Nacional y al Congreso de la República establecer un marco normativo que defina, de una vez por todas, los derechos y deberes de los creadores de contenido e influencers en el país, buscando un equilibrio entre la libertad de expresión y la responsabilidad civil en el entorno digital.
Este sería el fin del vacío legal,la decisión judicial advierte sobre la imperiosa necesidad de actualizar la legislación colombiana ante el poder de amplificación que tienen hoy las redes sociales,según la Corte, el ejercicio de la libertad de expresión en estas plataformas no es absoluto y requiere una regulación que proteja tanto al creador como a las audiencias.
“La Corte advirtió la necesidad de establecer reglas claras sobre los derechos y deberes relacionados con el ejercicio de la libertad de expresión en redes sociales”, señala la providencia, apuntando directamente a la falta de parámetros sobre publicidad engañosa, difamación, discursos de odio y el manejo de información sensible por parte de quienes monetizan su alcance digital.
Hasta el momento, los influenciadores operan en una zona gris donde las reglas tradicionales de los medios de comunicación (como la televisión o la radio) no siempre aplicaban o resultaban insuficientes para la inmediatez y viralidad del formato.
Se trata un llamado directo a las plataformas, pues la sentencia no solo le dejó tarea al poder legislativo y ejecutivo, en una medida innovadora, sino que la Corte Constitucional vinculó directamente a las grandes tecnológicas.
El tribunal instó a distintas plataformas digitales (como YouTube, Instagram, TikTok y X) y a los servicios de alojamiento de pódcast a divulgar masivamente la providencia.
El objetivo es que la Sentencia T-241-26 llegue directamente a las pantallas y correos de los creadores de contenido colombianos, forzando una pedagogía sobre las responsabilidades legales que conlleva tener un micrófono abierto ante miles o millones de seguidores.
¿Qué sigue ahora?
El balón está ahora en la cancha del Congreso y los ministerios correspondientes (como el Ministerio TIC), deberán diseñar mesas técnicas para formular un proyecto de ley que responda al llamado de la Corte sin caer en la censura previa, un límite constitucional que no puede cruzarse.
Mientras tanto, los influencers y podcasters colombianos deberán empezar a medir sus palabras y patrocinios con una nueva lupa jurídica: la era de la virilidad sin consecuencias legales ha llegado a su fin.
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