Carta al señor alcalde de San Juan del Cesar

Foto: Referencia

Texto Original

Quiero expresarle una profunda preocupación por la situación de inseguridad, desorden y contaminación auditiva que estamos viviendo quienes residimos alrededor de la Plaza Simón Bolívar.

Lo que está ocurriendo ha dejado de ser un problema ocasional de convivencia para convertirse en una situación que compromete nuestra tranquilidad, nuestra seguridad y nuestra calidad de vida.

Durante varias horas, motociclistas, muchos de ellos en vehículos de alto cilindraje, circulan repetidamente alrededor de la plaza a velocidades y con maniobras descontroladas, convirtiendo un espacio público en un escenario de riesgo para peatones y residentes.

La situación es aún más preocupante por la limitada presencia policial. En una de estas jornadas, al solicitar apoyo, uno de los agentes manifestó su preocupación ante la posibilidad de sufrir agresiones por parte de quienes protagonizaban estos comportamientos.

Es comprensible que dos uniformados puedan sentirse vulnerables frente a grupos numerosos que actúan de manera intimidante. Pero también es alarmante que quienes tienen la responsabilidad de protegernos puedan sentirse desprotegidos.

A partir de las diez de la noche, el problema adquiere otra dimensión. Vehículos se estacionan alrededor de la plaza, compiten entre sí con equipos de sonido a volúmenes desproporcionados y sacan sus parlantes al espacio público. La música, los gritos y las concentraciones se prolongan hasta altas horas de la madrugada, incluso hasta las cuatro o cinco de la mañana.

Alrededor de la plaza funcionan establecimientos de expendio de bebidas alcohólicas, lo que favorece la concentración de grupos numerosos de personas en evidente estado de embriaguez. En medio de estas aglomeraciones se escuchan gritos, discusiones y comportamientos que generan temor entre quienes permanecemos en nuestras viviendas, sin saber si se trata de celebraciones, confrontaciones o situaciones que pueden terminar en una riña.

No podemos esperar a que ocurra una tragedia para comprender la gravedad de lo que está sucediendo.

Hay una consideración que merece especial atención: esta situación está ocurriendo en el corazón del municipio, en la Plaza Simón Bolívar, en el entorno donde reside su señora madre, María Telma, y donde entendemos que usted también tiene vínculos residenciales.

Si en este lugar, donde las autoridades tienen conocimiento directo de lo que sucede, no se logra recuperar el orden, ¿qué pueden esperar los habitantes de los demás barrios de San Juan del Cesar?

La ciudadanía comienza a percibir una preocupante pérdida de autoridad. No es aceptable que grupos de personas, algunos provenientes de otros municipios, lleguen a nuestro pueblo a alterar la convivencia y someter a los residentes a noches enteras de ruido, intimidación y desasosiego.

Una vivienda con las puertas y ventanas cerradas no representa una verdadera garantía de seguridad cuando afuera se concentran grupos numerosos, vehículos y personas bajo los efectos del alcohol y de sustancias, sin un control institucional suficiente. Los residentes quedamos expuestos y prácticamente obligados a esperar hasta que estas personas decidan retirarse.

No se trata de solicitar privilegios por vivir alrededor de la plaza. Se trata de reclamar el mismo derecho a la seguridad, al descanso y a la convivencia que tiene cualquier ciudadano.

Señor alcalde, como primera autoridad municipal, su responsabilidad es garantizar que San Juan del Cesar sea un territorio donde se respete la ley, la tranquilidad de las familias y el espacio público. La autoridad debe sentirse en las calles en las diurnas y las nocturnas.

Esta situación requiere atención antes de que se convierta en un hecho lamentable. No queremos esperar una agresión, un accidente, una confrontación o una tragedia para que se comprenda la gravedad de lo que estamos viviendo.

Son las cinco de la mañana y, mientras se termina de redactar este escrito, la actividad, los gritos y el ruido continúan como si no existieran autoridades ni ciudadanos que necesitan descansar.

Atte,

Rosalia Calderon

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