
Por: Carlos Rafael González Ariza
Murió quien fuera en mi niñez un ejemplo de vida, murió la sonrisa sin ruido, que causaba tantas emociones gratas al mirarla, por la espontaneidad de aquel hombre sencillo, que llenaba en silencio los espacios donde sobran las palabras.
Murió el lenguaje mudo que penetraba a gritos en nuestros oídos y quedaba grabado como consejo sabio para el niño que lo escuchaba,se escuchó en el llanto el lamento de quienes tanto lo quisimos y ahí, en el cementerio del pueblito, se sintió el dolor de cada uno de sus hijos que despedían bajo la lluvia al viejo querido, al padre bueno, al padre que siempre estuvo con ellos, al padre que vieron en los momentos alegres y, con más entrega, en los momentos sufridos.
Gracias mi Dios por esos 100 años que le diste a quien se llamara José Domingo,gracias señor Chillo, como cariñosamente le decíamos, por esos 100 años de ejemplo de vida digna.
Estarás por siempre en nuestros mejores recuerdos de toda una vida.
Dios lo tenga en su Santa Gloria y brille para usted la luz perpetua. Que su alma descanse en paz. Amén.
Carlos Rafael González Ariza
El hijo de Rafaela la de Gume
Ese soy yo