Elecciones 2026: La Guajira se juega sus curules en una cámara de representantes

Por: Hugues Gámez Gámez

A medida que se acerca la jornada electoral de marzo de 2026, el departamento de La Guajira se convierte una vez más en uno de los tableros políticos más complejos y observados de Colombia.

Con la inscripción de candidaturas cerrada el pasado diciembre, la disputa por las curules en la Cámara de Representantes refleja una lucha de poderes entre las estructuras tradicionales, los movimientos alternativos y la influencia de las Circunscripciones Transitorias Especiales de Paz (CITREP).

Históricamente, la política guajira ha estado dominada por coaliciones vinculadas a casas políticas fuertes, en este ciclo electoral, el senador Alfredo Deluque, figura clave de la colectividad Nueva Fuerza Guajira, continúa ejerciendo una influencia notable en la conformación de las listas de la Cámara Territorial.

Sin embargo, el panorama no es sencillo, la fragmentación de los partidos tradicionales y el ascenso de coaliciones como el Pacto Histórico y la Coalición Alianza por Colombia han atomizado el voto, los candidatos buscan capitalizar el descontento social en un departamento golpeado por crisis humanitarias y de infraestructura.

Una de las novedades más relevantes para este periodo es la consolidación de la Circunscripción Especial de Paz No. 12, que incluye a municipios como Dibulla, Fonseca y San Juan del Cesar.

¿Qué se elige?

Un representante adicional que debe acreditar su condición de víctima del conflicto, estas curules han sido objeto de fuertes disputas territoriales, ya que sectores políticos tradicionales han intentado, en años anteriores, influir en estas listas destinadas originalmente a las bases sociales.

La Misión de Observación Electoral (MOE) ha puesto la lupa sobre el departamento debido a los riesgos de trashumancia electoral y la influencia de recursos de dudosa procedencia. Además, el electorado guajiro muestra señales de una transición hacia el “voto de opinión”, especialmente en los centros urbanos como Riohacha y Maicao, lo que pone en riesgo la hegemonía de los clanes que anteriormente aseguraban sus curules con el control de las zonas rurales.

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