
por: Ana Cecilia Fuentes
En el marco de la agenda global, los Objetivos de Desarrollo Sostenible consagran como una meta universal la paz, más exactamente la promoción de sociedades pacificas e inclusivas para el desarrollo sostenible, que faciliten el acceso a la justicia para todos, y que cuenten con instituciones eficaces, responsables e inclusivas en todos los niveles en este caso, relaciona varios elementos que, en el contexto actual del país, deben integrarse para generar oportunidades, fortalecer la democracia y garantizar el Estado Social de Derecho. Lo anterior conduce a la construcción de lo que se conoce como paz positiva, la existencia de relaciones de igualdad, cooperación y justicia social. Construir una paz positiva implica entonces un proceso de fortalecimiento institucional, de generación de oportunidades y de reconocimiento de otro, para establecer lazos de trabajo y sentido común. Por ello, cumplir con un camino ideal para hacer posible una paz positiva, reconociendo que se requiere de equidad de género, crecimiento económico ambientalmente responsable, disminución de las desigualdades, superación de la pobreza, generación de capacidades, entre otros aspectos estratégicos. Son múltiples los retos que tiene A país y la región para llegar a dicho escenario. Sin embargo, parte de los recientes esfuerzos que se han desplegado es un compromiso de todos como periodistas de narrar la paz como ciudadanos del común, aquel que se pregunta porque los periodistas discuten sobre los retos del periodismo, donde hoy nuestro trabajo está llamado a narrar sobre las huellas que ha dejado la guerra en nuestros pueblos, en nuestras casas, en nuestros campos, porque hoy, hay que hablar de la resiliencia; es decir de ía resistencia de los colombianos y Guajiros. Al observar los estragos que nos ha dejade la guerra y en esos caminos hemos sido testigos de la risa, del llanto, del miedo y de esa resistencia y obstinación de muchos para continuar luchando por todas esas cosas con las que hemos vivido y que forman parte de nuestra historia.
Hoy los periodistas a través de nuestros escritos, entrevistas contamos lo que muchos no alcanzan a explicar, ese potencial transformador cuyos lazos de empatía nos permiten reconciliarnos, resolvernos como nación y como departamento que ve en los campos del olvido y las voces oficiales de los campesinos motivados, iluminando los recovecos del pasado para mirar el futuro hoy con la pala y el azadón que nos permita cultivar y conservar la tierra fértil, abonada con los sueños, la voz que narra la paz; claro que habrá que contar historias. De postconflicto, pero con nuevas perspectivas, con justa visión, con fe, con justicia para volvernos donde atrás quede el odio, el dolor, la desconfianza, la fatalidad y donde la paz no solo acabe con la guerra, sino que nos dé la oportunidad sobre todo a la gente del campo de construir un nuevo contrato social en el que quepamos todos y una nueva Guajira donde el perdón este en la esfera de todos los individuos.
La convivencia que viene después del postconflicto sea una capacidad de aprender a reconciliarnos en un futuro colectivo y que la convivencia se convierta en garantía para un pueblo que todos estos conceptos se deben implementar en un ambiente donde no haya incertidumbre, con alternativas entre el campo y la ciudad y que el postconflicto nos permita viabilizar estrategias de construcción cerrando la brecha entre campo y ciudad. Teniendo en cuenta que la paz se cultiva a partir de nueva base de respeto, buena relación donde cada miembro de la familia juegue limpio adaptando sus actitudes uniéndose a los otros sin mentir, siendo solidario dar buen ejemplo.
Otro aspecto que vale la pena traer a colación para buscar esa paz tan anhelada en el flagelo del paga diario, en un grupo de jóvenes que deambulan por las calles de los barrios vulnerables, guantes y el rostro cubierto por un pasamontaña que asustan.
Sabemos que son paga diario porque se bajan con una libreta en los restaurantes, ventas de comidas, en los salones de belleza, en las ventas de verduras, de carne; es decir en los pequeños emprendimientos en busca de la cuota que deben entregar a diario por los préstamos que le hacen al 10 y hasta el 20 por ciento, azotando a los que les prestan con malos tratos amenazándolos con violencia; se habla de que algunos que fracasan en sus emprendimientos, tienen que pagar hasta con su vida. ¿Quién controla esto que azota a la comunidad vulnerable es decir que la mayoría terminan trabajando para pagar el pago diario y no ver las ganancias por su ardua labor muchas veces bajo un sofocante sol, podrán así contribuir a La Paz?