
Hernán Baquero Bracho
La decisión de Corpoguajira de negar la licencia ambiental al proyecto minero de Cañaverales, en San Juan del Cesar, se constituye sin duda en una de las mejores noticias para La Guajira en el año que inicia. Este fallo marca un hito en la defensa del territorio, del agua y de los ecosistemas estratégicos, y envía un mensaje claro de que el desarrollo no puede estar por encima de la vida ni del equilibrio ambiental.
Uno de los principales beneficios ambientales de esta decisión es la protección de las fuentes hídricas que abastecen a comunidades rurales y urbanas del sur del departamento. La minería a gran escala en esta zona representaba un riesgo significativo para ríos, quebradas y acuíferos, fundamentales para el consumo humano, la agricultura y la ganadería. Preservar el agua en La Guajira es una prioridad vital, especialmente en un territorio históricamente golpeado por la escasez hídrica.
Asimismo, la negativa a la licencia protege los ecosistemas de bosque seco tropical, uno de los más amenazados y menos conservados de Colombia. Este tipo de ecosistema alberga una gran biodiversidad de flora y fauna, muchas veces endémica, que habría sido gravemente afectada por la explotación minera. La decisión de Corpoguajira contribuye así a la conservación de un patrimonio natural irremplazable.
Otro beneficio ambiental clave es la prevención de la degradación del suelo. La minería implica remoción de capas superficiales, pérdida de fertilidad y procesos de erosión que, en muchos casos, son irreversibles. Al frenar el proyecto, se protege la vocación agrícola del territorio de San Juan del Cesar, base económica y cultural de muchas familias campesinas.
La decisión también reduce el riesgo de contaminación del aire, ya que la actividad minera genera material particulado y emisiones que afectan la salud de las comunidades cercanas. Al negar la licencia, se prioriza el bienestar de la población, especialmente de niños, adultos mayores y personas con enfermedades respiratorias, reforzando el enfoque de salud ambiental.
Desde una perspectiva climática, la negativa al proyecto contribuye a la mitigación del cambio climático, al evitar la deforestación y la liberación de grandes cantidades de carbono almacenado en los suelos y la vegetación. En un contexto global de crisis climática, este tipo de decisiones locales tienen un impacto positivo que trasciende la región.
En el ámbito social y ambiental, la actuación de Corpoguajira fortalece la confianza institucional y la participación ciudadana. La entidad escuchó los argumentos técnicos, científicos y comunitarios, demostrando que las autoridades ambientales pueden y deben actuar con independencia, rigor y compromiso con el interés general.
La gestión del director Samuel Lanao Robles merece un reconocimiento especial. Su liderazgo al frente de Corpoguajira refleja coherencia, responsabilidad y valentía institucional, al tomar una decisión sustentada en criterios técnicos y legales, pese a las presiones económicas que suelen rodear este tipo de proyectos.
Esta determinación reafirma el papel de Corpoguajira como guardiana del patrimonio ambiental de La Guajira, sentando un precedente importante para futuras solicitudes de licencias. El mensaje es claro: los proyectos deben cumplir estrictamente la normatividad ambiental y demostrar que no comprometen los derechos de las comunidades ni los ecosistemas.
Finalmente, la negativa a la licencia minera en Cañaverales abre la puerta a modelos de desarrollo alternativos y sostenibles, basados en la agricultura responsable, el turismo ecológico y la conservación. Es una excelente noticia para San Juan del Cesar y para todo el departamento, porque protege el presente y garantiza un futuro más justo, saludable y sostenible para las próximas generaciones.
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