
Por: Juan Loreto Gómez Soto.
Representante a la Cámara por La Guajira.
En los últimos días he leído con atención las manifestaciones de opinión de algunos amigos en el departamento con relación a la participación de Maicao en los debates electorales. Comparto su reflexión en varios puntos, y es cierto que Maicao no puede seguir siendo la pieza suelta de un ajedrez político jugado desde otras partes del departamento. Maicao tiene el empuje, la experiencia, la historia y, lo más importante, el potencial electoral para liderar su propio destino político.
En lo que no coincido, y mucho menos comparto, es que esa conciencia no se traduzca en acciones concretas. ¿Dónde estaban esos que hoy se rasgan las vestiduras apelando a la solidaridad de cuerpo de los maicaeros, cuando Jimmy Boscán, un hijo legítimo de Maicao, aspiró a la Gobernación de La Guajira en las elecciones regionales del 2023? ¿No era ese un buen momento para mirar a Maicao como primero? No lo acompañaron, no creyeron, siguieron votando por los de afuera, no apostaron por un proyecto propio cuando más se necesitaba, y se vio rezagada la solidaridad maicaera por parte de quienes fungen de defensores de los espacios regionales.
Yo sí estuve. Lo respaldé con convicción y determinación. No porque fuera fácil, sino porque era justo. Lo acompañé sin importar si la posibilidad de triunfo era mucha, poca o nula. Pero ahí estuve, respaldando a un hijo de Maicao. Eso marca la diferencia entre el discurso y la acción.
Maicao es un referente de liderazgos altruistas, con grandes hombres y mujeres que han venido escribiendo la historia del municipio. Y es cierto que en estos momentos no puede seguir esperando un liderazgo perfecto, que no decepcione, que lo tenga todo resuelto, que inspire sin riesgos. El liderazgo también se construye desde la imperfección, pero con voluntad genuina de construir equipo, de resistir a la tentación del clientelismo, y de no ser títeres del establecimiento, ni del local, ni del departamental.
Hoy, con la frente en alto y con la autoridad moral que me da haber respaldado proyectos genuinos, propios del corazón de Maicao, me siento con el derecho de apelar al respaldo del municipio y de sus habitantes. Estoy convencido de que Maicao no puede seguir siendo el vagón de cola de los cacicazgos tradicionales. Es tiempo de ser locomotora.
Por eso, hago un llamado a los maicaeros que se identifiquen con una política de convicciones claras, que quieran hacer política sin someterse a los caprichos del poder, que tengan vocación de servicio y no de servilismo, a construir una colectividad sólida desde la lista del Partido Conservador a la Cámara de Representantes. No se trata solo de llenar espacios: se trata de construir un proyecto que dignifique a Maicao y le devuelva el lugar que merece como eje estratégico, comercial, cultural y político del departamento.
La frontera puede ser línea divisoria en el mapa, pero para nosotros debe ser punto de partida.
Es ahora. Es con todos. Es desde adentro.