El legado de Álvaro
Gómez Hurtado
Hermán Baquero Bracho
¿Dónde quedó el legado
de Álvaro Gómez Hurtado? Guardado en los confines de la historia de Colombia.
Este gran patriota que fue vilmente asesinado por el mismo gobierno nacional y
toda la tropilla de los dueños del poder, que lo veían como la gran amenaza que
se atrevió a denunciar y atacar al régimen, donde el común denominador de los
partidos políticos continúa siendo la complicidad, donde no existen los ideales
y mucho menos los partidos de opinión. Hoy el rampante dinero es lo que se
impone en la política municipal, departamental, regional y nacional.
El régimen como lo
denominó en su época el gran dirigente conservador Álvaro Gómez Hurtado
continúa en alza y más robustecido, donde el sistema no ha cambiado y de ahí
todos los desmanes que se originan en la politiquería colombiana. Si cambia el
sistema se acaba la corrupción. El pensamiento de este gran dirigente fue un
pensamiento republicano que buscaba un país más equitativo en lo social, un
gobierno federal para acabar de una vez por todas con este centralismo salvaje
que nos agobia y que nos mata.
Lo expresaba el gran
dirigente un día de 1972, en abril precisamente “no soy demagogo ni
revolucionario, pero si soy progresista. No creo que haya incompatibilidad en
esto. Al contrario. Si se malogran los recursos escasos del país en una
política demagógica y revolucionaria, que es lo que yo combato, pues iremos
hacia el desastre y no habrá ningún progreso ni ninguna posibilidad de mejorar
el bienestar del pueblo colombiano. No creo que un país pobre como el nuestro
pueda darse el lujo de desperdiciar ni siquiera energías, en procedimiento
demagógicos, teniendo por delante todo un cúmulo de problemas por resolver”.
Una profecía que se ha venido cumpliendo a la perfección.
En otra ocasión
expresó: “No soy la derecha, ni soy de derecha. Esas clasificaciones son
imprecisas, inútiles, no representan valores intrínsecos. Yo soy simplemente un
republicano que anhela suscitar en torno a sus actitudes un gran consenso
nacional. Una coalición de ese género como lo prescribe la constitución, no
puede estar precedida de conceptos exclusivistas. Por eso no entiendo cómo
puede invitarse a la nación a que se agrupe en un programa de izquierda o en un
plan de derecha, repudiando implícitamente a quienes no se sitúen en uno de los
dos extremos. Lo que el país necesita y la constitución establece, es que sus
esfuerzos coincidan en obras de grande aliento y de utilidad efectiva. Pero
sería abusivo solicitar esa coincidencia exigiendo ésta o aquella ubicación
radicales, cuando una y otra son artificiosas”. Pareciera que Álvaro Gómez
Hurtado hubiera viajado al futuro de nuestro país, porque esto es exactamente
lo que está ocurriendo en Colombia.
Otro día, en 1976, dejó
plasmado lo siguiente: “…aún existen los elementos suficientes para un gran
movimiento de regeneración. Pero para ello es indispensable que nos decidamos a
suprimir la vigencia de unos cuantos embelecos ideológicos en los cuales se
apoya, de una parte, los que en su ceguera doctrinaria desean destruirlo todo
para construir su utopía en un futuro incierto y lejano y, de la otra, los
pobres de moral y los aprovechadores del caos. ¿Por qué a nombre de unas
farisaicas libertades estamos tolerando el impero de la pornografía? ¿Cuáles
son las libertades que estamos garantizando y cuáles las que estamos asesinando
al endiosar el libertinaje sexual? ¿Por qué, a nombre de la libertad de
información, tenemos que tolerar una clase de prensa, de radio, de televisión y
de cine que no hace sino estimular los bajos instintos, enseñar el crimen,
exaltar la violencia? ¿Qué es lo que nos está impidiendo pensar que el
verdadero pobre es el ciudadano común, sometido al imperio de la inseguridad total?
¿A nombre de qué tipo de libertad, de moral o de justicia llegamos a aceptar
que toda violencia es respetable si se la sabe marcar con alguna especia de
motivación ideológica?” otra gran profecía de Álvaro Gómez Hurtado que está
ocurriendo sin quitarle una coma en nuestro país.
Es el conjunto de estas
ideas coherentes, enunciadas en diversos tiempos pero armonizadas por la
madurez y la vitalidad de su pensamiento en ejercicio que corresponde a una
inteligencia fina, modelada por la cultura. Ese era el gran Álvaro Gómez
Hurtado que habría cambiado la historia de Colombia y de seguro no tendríamos
un país tan polarizado en la actualidad.