Las “Vacas Sagradas” del Poder: Cuando la apariencia disfraza la corrupción

Por: Hugues Gámez Gámez

Hay funcionarios públicos que llegan a los despachos municipales con los zapatos rotos y las manos vacías, pero con el paso de los años bien atornillados al presupuesto y sostenidos por sus jefes políticos, como muestra de deshonestidad con el  sistema democrático y por estos deshonrosos   favores políticos, terminan sufriendo de un peligroso delirio de grandeza, la megalomanía los nubla, se creen vacas sagradas intocables, seres superiores, a los que solo se les debe rendir pleitesías, aplausos y  ocultar la podredumbre de sus actos incorrectos e indignos.

Recientemente hemos leído insultos y descalificaciones burdas contra la prensa libre, por parte de  funcionarios del resorte municipal, degradando la noble labor periodística, con el objetivo de exaltarse a sí mismo como los supuestos “protagonistas del desarrollo del municipio”, qué ironía tan cínica; son protagonistas, sí, pero exclusivamente del desarrollo de sus propias cuentas bancarias a expensas del erario público, ya no le rinden tributos a la dignidad humana sino a la capitalización de dinero, al fin y al cabo para ellos, el fin justifica los medios.

Se rasgan las vestiduras hablando de la “urbanidad de Carreño”, exigiendo formas y modales, mientras tienen los corazones preñados de envidia, rabia, les duele profundamente que aquellos ciudadanos que le acompañaron en el camino, que con esfuerzo y sacrificio le ayudaron a llegar al poder, logren superarse social, política o económicamente, sin sonrojarse utilizan las herramientas del estado y las prebendas del cargo que ostentan para destruir a quienes una vez les tendieron la mano, son algo así como los caines de sus propios amigos, olvidando la sabia ley de la vida, que reza: no riegues espinas en el camino porque algún día te tocará devolverte con pies descalzos.

Son verdaderos lobos disfrazados de ejecutivos de alta alcurnia, vierten su rencor contra los periodistas, derramando una rabia visceral porque no toleran cuando se dice la verdad, se atreven a señalar con desprecio el supuesto mal estado financiero de los hombres y mujeres de la prensa, olvidando convenientemente su origen, el dinero fácil  solo logra mostrar lo que son, a ellos la vida les cambió drásticamente gracias a sus audacias ilegales en la política corrupta, el ladrón, fiel a su naturaleza, siempre juzga por su condición.

¿Y cómo disimulan el enriquecimiento ilícito amasado con dineros que entran a su tesoro personal por fuera de la legalidad?

Es todo un espectáculo cómico-trágico, se pasean en vehículos destartalados por las calles del pueblo, fingiendo austeridad y pobreza, creyendo ingenuamente que la ciudadanía es ciega y no se da cuenta de sus millonarios latrocinios, pero la gente no es tonta; la comunidad observa, calla, juzga y no les cree.

Hacer periodismo crítico en nuestra tierra no es un delito; es un acto de supervivencia cívica, las amenazas, los insultos y los ataques sistemáticos no van a callar a quienes tenemos décadas de caminar con la verdad por delante.

Bueno recordarle la historia de un señor, poderoso y respetado que padecía de megalomanía, a pesar de su posición y apariencia, el señor estaba enfermo de megalomanía y necesitaba ser sanado.

A esos funcionarios inflados de soberbia les recordamos que el poder es efímero, los cargos pasan, pero la dignidad y el servicio honesto al pueblo son lo único que perdura en la memoria colectiva, hay muchos funcionarios públicos que como ese señor, aparentan tenerlo todo,posición, poder, respeto, pero dentro están llenos de enfermedades como hipocresía, enseñar una cosa y practicar otra, orgullo, creer que son superiores a los demás, codicia, buscar riquezas y poder en lugar de servir a los demás, falta de integridad, no ser honestos y transparentes en sus acciones,andan bien vestidos, aparentan  alto rangos y privilegios, pero por dentro simplemente llenos de delirios de grandeza.

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