
Por: Darío Antonio Daza Betancourt
X: @daza_abogados
Instagram: dariodazab
San Juan del Cesar ya tiene 325 años, pero la crisis que vivimos no se va a arreglar echando cemento o montando tarimas. Lo que nos falta es algo más profundo: liderazgo de verdad.
A veces, cuando escucho las historias sobre nuestro pasado y esos líderes de antes, siento algo de nostalgia. Aquellos dirigentes no eran santos, se daban duro en el debate, pero entendían algo básico y sagrado: la política era para servirle al pueblo, no para exprimirlo.
Nombres como Armando “Manyi” Ariza, José, Elias y Eduardo Lacouture, Asdrúbal Daza, José Manuel “Yin” Daza, Praxedes Bolaño, Enrique Brito, junto a mujeres de temple inquebrantable como María Teresa Hinojosa, Sarita Molina, Angela Gamez, Lola de la Cruz de Pastrana o Zenobia Orozco, nos recuerdan una época en la que había debate real. Ellos, y muchos otros cuyos nombres seguramente se me escapan, compartían un propósito claro: había ganas de sacar a San Juan del barro, no de hundirlo más.
Hoy la historia es muy distinta. Da tristeza ver cómo muchos ven la alcaldía o el concejo como una simple forma de resolver sus deudas, agarrar un contrato o asegurar el sueldo. Y ahí nos jodimos. Cuando el político llega con hambre de plata y no de progreso, las prioridades se invierten. Vemos cómo algunos entran sin nada y a los pocos años muestran fortunas que nadie sabe de dónde salieron, mientras San Juan sigue sufriendo por lo mismo de siempre. No es señalar por señalar: es exigir que rindan cuentas.
Mientras tanto, nos hacen obritas que se ven bonitas, pero que no tienen rumbo. ¿Para dónde va San Juan en 20 años? ¿Vamos a ser turísticos, agroindustriales? Nadie sabe. Vivimos apagando incendios de elección en elección, de mentira en mentira.
Y lo que más indigna: el eterno reciclaje de los mismos. Se pasan el poder como si el municipio fuera la finca de la familia. Pero seamos realistas: el poder nunca se cede por buena voluntad, hay que disputarlo. Nos vendieron el cuento de que para hacer política hay que tener miles de millones de pesos, precisamente para desanimar a los demás. ¿Será que una persona decente, sin cuentas bancarias jugosas, pero con buenas ideas, capacidad de organización ciudadana y vocación de servicio, no tiene el derecho de ser elegida?
Por eso le hablo a las nuevas generaciones: dejen la cobardía y métanse al ruedo. No le dejen el futuro de San Juan a las mismas estructuras de siempre. Atrévanse a opinar, a debatir con argumentos, a organizarse y a disputar esos espacios. Podrán perder una elección, pero la verdadera humillación es entregarles el pueblo en bandeja de plata sin dar la pelea.
Y nosotros, los que votamos, nos toca tragar en seco y asumir nuestra culpa. No podemos quejarnos cuatro años y luego ir a votar a ciegas. Hay que hacernos una pregunta dura y de frente: ¿De verdad nos indigna la corrupción, o lo que nos arde es no estar mordiendo de ese mismo pastel?
San Juan merece más. Necesita gente que no entre a la política preguntándose «¿cuánto me voy a ganar?», sino «¿qué historia voy a escribir?». No necesitamos más políticos haciéndose ricos a costa de San Juan; necesitamos verdaderos líderes dispuestos a gastar su vida en defenderlo.