Cruzando fronteras con la Maleta Literaria

Las letras viajan libres, no entienden de mapas, alcabalas ni aduanas; demostrando que para la imaginación no existen líneas divisorias. Por eso, cuando el olvido levanta fronteras, los libros se encargan de borrarlas. En Paraguaipoa, en pleno territorio venezolano de la Guajira binacional, la vida transcurre en una geografía hostil donde los niños han aprendido a valorar unas gotas de agua como si fuera un tesoro sagrado. Pero hoy, en la Escuela Rural José Leonardo Fernández, algo ha cambiado en la rutina de estos estudiantes: hoy no solo mitigan la sed de la tierra, sino que se refugian en las letras. Al frente de ellos, desafiando el polvo del camino, está Óscar Parra, un poeta que no escribe desde la comodidad de un escritorio, sino precisamente allí, en el corazón mismo de la ruralidad, donde el suelo quema y la literatura se vuelve un resguardo indispensable.

A las tres de la tarde, la frontera entre Colombia y Venezuela no es una línea en un mapa; es un soplo de viento ardiente que levanta el polvo en los caminos. Allí, en la Escuela Rural José Leonardo Fernández de Paraguaipoa, territorio venezolano donde la Guajira binacional olvida los límites de los gobiernos, los pies descalzos de los niños caminan sobre la tierra seca. No buscan agua, esta vez buscan historias. Al frente de ellos está Óscar Parra, un poeta que no escribe desde la comodidad de un escritorio, sino desde el barro y la resistencia de la ruralidad.

Óscar no viaja solo. Lo acompaña un objeto que ha desafiado trochas y controles para convertirse en un artefacto de resistencia: la Maleta Literaria.

A simple vista, es solo un equipaje. Pero al abrirse en mitad de las aulas rurales de Paraguaipoa, la maleta se transforma en un botiquín de emergencia pedagógica y de integración cultural. En una región profundamente golpeada por las complejidades de la migración, el exilio y el olvido institucional, un libro abierto es un refugio. Las narrativas que viajan en este equipaje no son teoría académica; son el espejo de los pueblos en movimiento que luchan por resguardar su identidad. Al cruzar esta frontera, la literatura deja de pertenecer a un solo territorio y pasa a ser un patrimonio compartido que sana las heridas del desarraigo y mitiga el impacto de la separación.

Esta vez, la ruta de “Letra en Letra” trazó su camino del saber gracias a la alianza de la Fundación Leer Pensar Escribir y la Fundación Wikimedistas Wayuu. A través del proyecto Filwa: “Contando desde la ruralidad”, decenas de niños, niñas y docentes de Paraguaipoa cambiaron por unas horas la dura realidad fronteriza por la geografía del conocimiento.

Allí, bajo la sombra de una ruralidad que a veces parece tragarlo todo, se escuchó la voz del poeta. No era un discurso; era un susurro que sembraba sueños y esperanzas en la Laguna del Pájaro. En esa frontera de tantas carencias, la Maleta Literaria demostró que las palabras son el único puente que ninguna aduana ni ninguna línea divisoria podrán derribar jamás.

Compartir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *