El ego sobre la unión: La derecha colombiana se fractura mientras Cepeda toma ventaja

Análisis de: Redacción Política Gente,Cultura y Pueblo

Lo que debía ser una coalición de acero para frenar el avance del Pacto Histórico se ha convertido en un ring de boxeo personalista. La negativa de Abelardo de la Espriella a debatir con Paloma Valencia, calificando la invitación de su contendiente como una de sus tantas “jugarreticas”, es el síntoma final de una derecha que parece más interesada en ganar el pleito interno que en conquistar la Casa de Nariño.

Ayer, la senadora Paloma Valencia,quien ostenta el respaldo del Centro Democrático y la victoria en la consulta de marzo,lanzó un guante que De la Espriella no solo no recogió, sino que pisoteó,para el abogado, sentarse a debatir con quien considera su “aliada natural” es un desgaste innecesario si el líder de las encuestas, Iván Cepeda, no está presente.

Sin embargo, detrás del argumento técnico de “no debatir con quien marca bajo en el margen de error”, se esconde una realidad más cruda: la desconfianza mutua es total. Mientras De la Espriella se presenta como el outsider disruptivo, Valencia reclama el derecho de piso de la política tradicional uribista. Al llamar “jugarreta” a la propuesta de debate, De la Espriella no solo rechaza el diálogo, sino que invalida la estatura política de la única mujer con posibilidades reales en ese sector.

Una estrategia de “sálvese quien pueda”

La decisión de ambos candidatos de ir por separado a la primera vuelta del 31 de mayo es, para muchos analistas, un suicidio político asistido. Mientras la izquierda acaba de recibir el espaldarazo de Luis Gilberto Murillo, quien sacrificó su ego en favor de la unidad con Cepeda, en la derecha la palabra “sacrificio” no figura en el diccionario.

Paloma Valencia insiste en que ella es “la de siempre”, la que no cambia de bando, lanzando un dardo directo a la volatilidad que le atribuye al abogado.

Abelardo de la Espriella se atrinchera en su “lista del tigre”, confiando en que su popularidad en redes y su discurso de mano dura bastarán para forzar una segunda vuelta sin necesidad de consensos previos.

La unidad: una utopía electoral

La fragmentación es hoy el mejor jefe de debate de Iván Cepeda. Mientras los candidatos de la derecha se lanzan pullas sobre quién es más “coherente” o quién hace “jugarretas”, el electorado de orden y libertad observa con desconcierto cómo sus líderes se distancian hasta volverse irreconciliables.”La campaña no es para jugarreticas”, dice De la Espriella. Pero en política, la mayor jugarreta es entregarle el poder al adversario por la incapacidad de sentarse a discutir un modelo de país.

A menos de un mes de las elecciones, la derecha colombiana no tiene un plan; tiene dos candidatos que, en su afán de no ceder un centímetro de protagonismo, están pavimentando el camino para que el Pacto Histórico celebre en primera vuelta,si la unidad era el “músculo”, hoy la derecha colombiana padece de una atrofia severa provocada por el orgullo.

¿Logrará alguno de los dos declinar antes del 31 de mayo o el país asistirá al fin de la hegemonía de la derecha por cuenta de sus propios egos?

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